8M

En una conversación virtual con una mujer, -y ahora entenderéis porque llamarla así y no llamarla una excelente amiga-, apareció su hija de 6 años y, encantadora, (desde que hacemos clase de “aprender a contar cuentos”, todo hay que decirlo) quien me explicó la diferencia entre ser niña y ser mujer, porque ella afirmaba, con la contundencia de quien tiene toda la razón, que ella no era mujer.

Para ella una mujer era una persona mayor, o una madre que básicamente consiste en hacer de criada suya (una de las múltiples criadas, porque al parecer tiene una en cada casa, -en total 50-, que tiene repartidas por la geografía española). Y no, ni mi amiga ni su hija pertenecen a una familia poderosa. La niña es simplemente una niña, con mucha fantasía y ganas de pasarlo bien… y todo esto mientras su hermano la perseguía para pegarle (algo parecido a un juego habitual, al parecer, en su residencia habitual).

Días antes había visto a los dos hermanos en el portal, dándose empujones porque el mayor no la dejaba subir en el ascensor y pretendía, en plan castigo (otra razón no daba) que subiese a pie, mientras él, en plan rey del edificio, o ser divino, o master del universo, se metía en la caja metálica y ascendía dando al botón. ¡¡¡Hombres!!!

Eran niños “haciendo cosas aparentemente de niños”.

Días después, mi amiga mujer, madre y sirvienta, me contó como un energúmeno macho había querido arrojar por las escaleras a su esposa, y como otro había acabado en comisaria después de que la propia, después de mucho aguante, le denunciase por malos tratos.

Estas escenas me han hecho pensar mucho al respecto.

¿La mujer se hace mujer por edad y por su labor frente a los demás? ¿Si no tiene una funcionalidad, como esposa, madre, cuidadora, trabajadora, y mil oficios más… no tiene esa categoría?

Las escenas del desprecio del macho las he conocido en exceso, y siempre bajo el epígrafe de “estas cosas no se deben contar” (aunque yo no sólo las he contado, sino llevado ante la Ley) y, en contra de lo que lo que muchos y muchas venden, no han sido en un extracto social de pobreza o con una condición social deplorable, sino como una coartada ideológica.

Sí, ideológica.

Por mi trabajo conozco a gente que vive en casas de lujo donde las mujeres aguantan una violencia psicológica y física, donde el desprecio del “dependes de mí” se lleva a la enésima potencia, con señores que públicamente son referentes del poder, de las buenas formas y del supuesto respeto.

Siguiendo con eso de darle vueltas a la formulación de la niña de 6 años, he querido imaginar que las niñas entienden que de pequeñas esas formas de actuar se entienden como parte de la evolución natural (gritos, persecuciones, algún empujón…) hasta hacerse mujeres y por eso luego aguantan el resto, y para eso da igual como sea tu casa, tu familia, o la cuidadora (siempre son cuidadoras, parece que los cuidadores no existen, o son de otro planeta).

Lo llevan asumido, y es como una prolongación de ser niña (posterior mujer).

Sin embargo, yo conozco bien a mi amiga: es una “madre coraje” que, a pesar de no vivir en las mejores condiciones, trabajar como la que más, y seguir adelante con todo, con una simpatía a prueba de mucho imbécil, educa a sus hijos no sólo como mejor sabe, sino bajo principios de ese famoso respeto que parece olvidarse en muchos casos.

Claro está, ante la definición de “madre coraje” muchos y muchas dirían que se deje de historias y sea madre. Eso ya lo hace, y a tiempo total, además de todo lo demás. Algo así como si viviese en un mundo cuántico, donde puede trasladarse de un campo a otro sin más.

Una heroína.

Pero ese argumento de “se mujer y madre, no abarques tanto” también lo compraría cualquiera que desde posturas de dominio (da igual que sean hombres o mujeres) quieren marcar que esa forma de entender las cosas es la única y real.

“No pretendas ser igual que un hombre”. ¡Otro gran argumento!

La única diferencia que hay entre un hombre y una mujer es algo que pertenece al terreno sexual (mi madre, dixit).

Sí, hay estudios que dan otras razones, pero mi madre (sabia, muy sabia) dice que los estudios obedecen al bolsillo de quien los encarga, a la mirada de quien los lee e, incluso, a quien recibe el encargo… que, por supuesto, se puede elegir para que diga lo que cualquiera quiera escuchar.

Hace años, para ilustrar un post sobre la diferente manera de tratar la banca a los hombres y mujeres, hicimos una petición de préstamo en un banco con José y con Josefa. Con los mismos elementos de estudio, exactos, y al final quien dio la nota disonante (si, es un chiste malísimo hablando de José y Jose-fa) fue el banco.

A ella se lo denegaron. A él se lo concedieron. Las razones eran excusas amparándose en si ella se quedaba embarazada, por ejemplo, o si por cuestiones como la cercana menopausia dejaba el trabajo, y era suficiente porque sus informes internos “demostraban” que son personas de riesgo.

No contemplaron las razones que podían darse con José. Se supone que los hombres no pasan por momentos malos, no se les despide, o no optan por otro modelo de vida. Seguro que no se quedarían embarazados o seguro que no les llegaría la menopausia, eso sí. Aunque tengo un hermano que dice que le ha llegado la pitopausia y ya no rinde igual.

Todo esto viene a cuenta de la celebración del 8M.

Mi propia madre me pidió acompañarla a la manifestación feminista del 8M.

No es que necesitase sentirse protegida por lo que sabía que podían ser “los revienta manifestaciones” sino porque tiene 93 años y quería que yo llevase una bolsa de croquetas que había cocinado para esas feminazis, golfas o guarras, como las denominan ciertos prohombres (también algunas promujeres) que intentan imponer sus reglas de oro de cómo tratar a quien no piensa como ellos y ellas (me refiero a los prohombres y promujeres defensores y defensoras de una moral que… que no se sabe muy bien de quien es).

Ella llevaba, de hecho, una pancarta muy divertida donde preguntaba por cierta política, muy lideresa, que desaparece cuando se trata de comprometerse con causas cercanas, aunque esté muy dispuesta a apoyar las lejanas, especialmente si las comandan genocidas o personas de dudosa moralidad… o delincuentes.

Realmente ver como la policía las seguía (parecía más eso que una medida de acompañamiento) o como se estaban poniendo las manifestantes moradas a croquetas de mi madre (más moradas que sus chaquetas, camisetas o pañuelos) me di cuenta, en la medida perfecta, de lo que era sentirse intruso en un lugar así.

No, por esas mujeres (y algunos hombres, niños y niñas, que las acompañaban), ni por esos policías, sino por esas pancartas, slogans o similares.

Eran los mismos que hace mucho, mucho, mucho tiempo.

Alguno hacía alusión también a la guerra, pero en lo demás, todo muy parecido.

Y me pregunte a mí mismo, ¿Cómo podía ser?

Mi madre, como todas las madres, tiene el poder de leer el pensamiento y me contestó sobre la marcha: “Y son muy, muy, muy parecidas a las que yo llevaba incluso corriendo delante de los GRISES cuando en este país dictaba un dictador”.

Ella también es una de esas madres coraje que tuvo que emigran a Alemania cuando aquí no se podía ganar la vida, dejando todo, incluso su manera de hablar, para poder sobrevivir (por cierto, que mala memoria tienen los que intentan castigar a quienes vienen buscando esa misma solución de vida).

Tuvo que vivir situaciones deplorables y adaptarse, hasta donde pudo, sacando adelante una familia, con la complicidad de un compañero que estuvo a su lado, y sorteando la discriminación, y el rechazo, por tener otras costumbres y otras ideas (¿les suena de algo?).

Incluso me habló de aquel momento en que las mujeres no tenían derecho de tener una cuenta bancaria, a menos de que un macho estuviese con ellas, y como ella celebró el 2 de mayo de 1975 la desaparición de la obligación creyendo, inocente ella, que con ello cambiaban muchas otras cosas.

Yo conocía parte de la HISTORIA DEL 8M, pero ella, igualmente, me la resumió. En el link la podéis leer.

Como sucede con otras celebraciones, existen estas fechas porque muchas cosas aún están por superar.

También me comentó las historias de muchas mujeres que han sido referentes de muchas causas, invenciones y adelantos… que sus maridos, jefes, instituciones para las que trabajaban e, incluso, la sociedad, les ha quitado importancia, o que sencillamente se las han robado.

Un material maravilloso para ir comentando en otros posts.

Os recomiendo encarecidamente acompañar a vuestras madres en este tipo de eventos, o como queráis llamarlos.

Hablar con una madre, desde esa inmensa sabiduría que acumulan, tengan o no estudios, y que además te la dé, acompañada de croquetas o con su maravillosa palabra, es algo parecido a ese riego de las plantas para que crezcan: un acto que va más allá de transmitir experiencia o conocimiento, porque no sólo es amor sino justicia.

Podríamos seguir y seguir contando momentos, instantes reflejados por amigas, madres, compañeras o simplemente de mujeres o niñas que luego se harán mujeres, y que justifican todo ese 8M por más que le moleste a alguien.

Para acabar una referencia a este REEL de VIEJA TIERRA sobre lo que sienten algunas mujeres al encontrarse en la noche con un hombre. Es la aportación de la madre de un hombre maravilloso que aunque este lejano está muy cercano.

Brillante.

Este post es la recopilación de varias experiencias vividas por personas (hombres, mujeres, niños, niñas, e incluso algún gato), aunque se haya personalizado en un sujeto en particular.

Que la flor de la ACACIA nos acompañe siempre.

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Fecha de Publicación:

Última modificación: 17 de marzo de 2026

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