Contra lo inimaginable*

¡Imaginación!

Esa es una característica esencial del ser humano, diferenciándolo de la mayor parte del resto de las criaturas.

Si entendemos la imaginación como la capacidad de crear representaciones mentales más allá del estímulo sensorial presente, zoólogos dirán que está presente en varios animales (especialmente mamíferos y aves) pero la capacidad humana para la imaginación simbólica y la planificación compleja mental es inigualable.

Esta es una afirmación de un historiador británico, muy reconocido, y con un nombre muy español: FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO.

La imaginación es ese motor de las ideas que hacen cambiar el mundo y, según afirman las buenas gentes, nos lleva a un sitio mejor.

¿Y se podría pensar que existe “lo inimaginable?

Vamos a proponer un juego.

Empecemos por algo fácil: Imaginad que estáis con vuestros familiares y amigos.

El lugar: cualquiera. Todos tenemos nuestro lugar favorito donde nos encanta estar con nuestra gente.

También puede ser con tu pareja. Da igual. Lo que importa es el amor y cariño que sientes por tus seres queridos, en ese momento y en ese lugar, porque estáis felices y os sentís especiales.

Imaginad que, además de estar juntos, también estáis haciendo esa actividad que tanto os gusta: ver una película, compartiendo una conversación, mirando un cuadro con las manos enlazadas, sabiendo que puedes leer un libro mientras el resto prepara algo alborotando en la cocina o, simplemente estando al lado, tan a gusto que en cualquier momento os podéis dormir sabiendo que un hombro es el mayor refugio.

Cerrad los ojos un momento, y dejad que cualquiera de esas imágenes os traiga una sonrisa a la cara.

¿Veis el poder de la imaginación? Solo un pensamiento provoca un cambio de ánimo.

Ahora queremos que os imaginéis una escena parecida, estando en casa con vuestros hijos haciendo eso que tanto os gusta: da igual lo que sea.

De repente ese momento se quiebra. Os dicen que tienen hambre y que les ruge la tripita.

Necesitan algo que comer, pero en casa no hay nada.

Imaginad que haríais en esta situación.

¿Probablemente ir al supermercado y comprar?

Imposible. En tu cuenta no hay dinero. A lo más podrías recuperar ese billete que guardas, porque es especial, y salir para conseguir algo: pan, aceite, unos sobres de azúcar, leche, huevos, unos macarrones…

Vamos a ponerlo peor:

Dónde estás no puedes bajar porque el abastecimiento en el super hace más de dos semanas que no llega.

¡Vale! Vamos a dejar de imaginar angustias… pero no olvidéis ese instante.

Imaginad ahora que estáis reunidos con amigos y amigas. También está el amor de tu vida. Esa persona que es tu luz; quien con solo una sonrisa es capaz de quitarte todos tus pesares.

Llaman a la puerta: “¿Quién puede ser? “.

¿Esperáis a alguien?

No. Nadie sabe nada.

Abres la puerta y ahí está la policía.

Si esa escena no os perturba probablemente es porque crees que simplemente han venido a pedir que se baje el volumen de la música; o a preguntar si esa es la casa que están buscando o, en el peor de los casos, que han venido porque se ha dado alguna emergencia.

Pero, no. No es así.

Seguid imaginando y resulta que, al abrir, esos policías entran bruscamente en tu casa y comienzan a llevarse a quien está contigo, sin que tú puedas detenerlos.

No dan explicaciones.

Te impiden acercarte a cualquiera. No hay posibilidad de dar socorro a nadie y, cuando pides respuestas, solo hay silencio, un empujón o gritos para que no preguntes.

¿Qué podrías hacer tú en esa situación? ¿Cómo te sentirías al ver cómo golpean delante de tus ojos a tu gente y les arrastran por el suelo sin poder hacer nada?

El amor de tu vida decide intervenir y también recibe varios golpes, e incluso le hacen una brecha de la que sale sangre a borbotones.

¿Te lo puedes imaginar? ¡La persona a quien más amas en el mundo con una herida profunda, sangrando, y de pronto se cae al suelo!

Tú no sabes si está viva o muerta, si volverás a ver esa sonrisa de nuevo o si tendrás que enterrarla para siempre. Todo para de repente por tu mente.

Imagina que intentas ayudar a tu amor, y que te apuntan con un arma, y que te avisan que no dudaran en disparar… ¿Qué harías? ¿Te dejarías matar en ese momento o te quedarías inmóvil para conservar tu vida?

Tal vez llegados a este punto puede que hubieras preferido que fueras tú y no tu amor, o tu gente.

Imagínate como sería:

Entran a tú casa tirando todo lo que se les ponga por delante, te golpean hasta inmovilizarte, gritas y lloras al ver la cara de miedo y dolor de quienes están allí, y sientes angustia al no poder hacer nada, a no entender nada… y te sacan a la fuerza de tu hogar, y el amor de tu vida te agarra la mano en su desesperación y, como respuesta, la separan llamándola con las peores palabras, hasta que la empujan contra una pared y también la golpean.

Imagina ahora que no ha pasado nada de lo anterior, y que sólo lo has oído de un familiar lejano, de alguna compañera de estudios, de una persona conocida en el trabajo, o de alguien a quien le compras el pan todos los días.

Y es algo real. Y pasa. Y cada rato es alguien más.

O en la demencia absoluta lo ves en un televisor, pero no es una película, no es ficción, ni imágenes creadas con IA… es real, y se cuenta de la misma manera que la inauguración de una exposición. Con la misma frialdad.

Y antes de que puedas pensar siquiera en esa comparación ves el momento en que todo se vuelve silencio y delante de tus ojos pasan imágenes moviéndose casi sin poder centrarse en un detalle, unos pies que bajan corriendo por unas escaleras y, luego, un grito que rompe esa pared sorda. Al final, unos disparos.

Imagínate a ti mismo en el centro de esa historia:

¿Por miedo cerrarías los ojos para no ver más? ¿Apagarías el televisor? ¿Te taparías los oídos para no oír esas detonaciones?

Tú eres el centro de esa imaginación:

No sabes que hacer. No sabes a quién preguntar o, peor aún, ni te atreves.

Imagínate armándote de valor, intentando llamar por teléfono a alguien muy cercano… pero no hay señal.

Al enviar un WhatsApp se cae Internet.

Pasan los minutos y las horas y, cuando vas a cargar el teléfono, porque te estás quedando sin batería, te das cuenta de que no puedes, porque no hay electricidad.

No sabes si el resto sabe lo que ha ocurrido. No puedes decirle a nadie si tú y los tuyos estáis bien.

Tampoco puedes pedir ayuda.

Y te pones a imaginar. Porque es inevitable.

Y te imaginas mirando a tu alrededor, y al salir a la puerta, con el terror en todo tu cuerpo ves a niños llorando … y tú, no puedes hacer nada.

Y ves como los apresan.

También sientes como te arañan la espalda y el pecho, y no son uñas, es el estallido de metralla lanzada por alguien que quiere que tu calle sea su calle. Apropiándosela porque sí.

Y ante el desconcierto absoluto sólo oyes palabras de “libertad”, “democracia”, “en contra de los corruptos” … y no entiendes que tiene que ver todo eso con ese desastre que contemplas.

E imaginando llegas a una durísima conclusión, por más que te intenten contar otra cosa: Todo ha sido causado por un grupo de personas que quieren que vivas, o mueras (lo mismo les da) en un agujero negro, para que ellas sigan siendo ellas, con o sin razón, y tú no puedas ser tú.

Imagina que quienes son los doctores de la rectitud y de la ley también se ponen del lado de ese grupo de personas. ¿Es imaginable? ¿O es inimaginable?

¿Y qué ocurre si esto se extiende por todo el mundo?

¿Puedes imaginar que otros países no hagan nada porque esa situación desaparezca?

¿También es inimaginable?

¿Crees que lo inimaginable cesará?

Hoy, como muchas veces, ese inimaginable es una triste realidad.

O, si quieres utilizar palabras más cercanas, puedes decir “lo imposible”.

Públicamente parece que fuese exclusiva de lugares donde las cosas aparentemente se hacen mal: Pasa en Cuba, en Venezuela, en Colombia, en Palestina, en Irak, en Sudán… ¿Se hacen mal realmente o se ahogan para que lo posible sea imposible?

Pero no es algo nuevo, en otro tiempo otras personas también lo sufrieron: los judíos, los egipcios, los chinos, los argentinos, los irlandeses, los chilenos, los portugueses o los españoles.

O las mujeres por ser mujeres, o los pobres por ser pobres, o los gays o las lesbianas por ser ellos y ellas, o los que piensan diferente.

Todo esto, que es tan fácil de imaginar, por muy inimaginable que te parezca en tu día a día, ocurre y lo han sufrido muchas personas: ancianos que se creían a salvo de una pandemia y han visto como sus vidas desaparecían por falta de atención, porque quien estaba más enfermo era algún político o política que pensaba antes en su propia seguridad que en la de sus mayores o, lo que puede ser peor, en su propio beneficio; o padres y madres que sufren por dar de comer cada día a sus hijos sin otra opción que quebrarse la espalda en un puerto descargando camiones sin que ellos lo sepan; niños y niñas que tienen miedo a salir a la calle por si les puede pasar por encima un coche policial o se les puede secuestrar por su idioma; o esos adolescentes que ya no se atreven a mirarse por si alguien les traiciona simplemente por pensar de otra manera.

Y si atiendes verás que no hace falta ir al pasado ni muy lejos: Lo tienes en tu propia casa o, a lo más, con tus propios vecinos.

Hoy incluso es posible vivirlo en ese país de barras y estrellas que siempre reivindicó llamarse “de la libertad”. Una palabra vacía.

Nosotros queremos imaginar un mundo diferente, donde acercar un puño a otro puño, o darse una mano, produzca la misma revolución que un clavel puesto en un fusil.

Si te has dado cuenta que lo inimaginable, lo imposible, puede ser real, te pedimos que pares e imagines, durante un rato, algo que ayude a que las cosas puedan ser de otra forma.

Hazlo.

Y no sólo que compartas la indignación por este inimaginable en una red social o uniéndote a una manifestación para después seguir con tu maravillosa vida imaginada.

La mejor forma de luchar contra lo inimaginable es imaginar:

Buscando soluciones y enfocándose en la solidaridad será posible que podamos imaginar realmente ese mundo mejor porque si lo imaginas puede existir y, de esa forma, borrar lo inimaginable.

La imaginación es el motor de las ideas, y las acciones son su gasolina:

Sin acciones reales el motor nunca se moverá.

Y como dice Fernández-Armesto:

No somos bonobos jugando a beber en tacitas inventadas, o cuervos haciendo ademanes mientras duermen para esconder comida y que no se la roben, o ratas activando su memoria espacial para imaginar los caminos que deben escoger en un experimento… y todo eso tiene que ver con la imaginación, sí, lo demuestra la neurociencia, pero la imaginación humana va más allá, destacando por nuestra capacidad de combinar pasado, presente y futuro para crear nuevas ideas y mundos con un nivel de abstracción que nos distingue de otras especies.

Curiosamente hay un animal, que más allá del instinto hace cosas curiosas: Puede sumergirse hasta 73 metros bajo el agua, volar hasta 6.400 metros de altura o aprovecharse del viento para alcanzar velocidades de hasta 96 km/h.

Muestra su poderío y dominancia a través de exhibiciones físicas, comportamientos territoriales y vocalizaciones intensas, como formas de intimidación, especialmente durante la época de apareamiento (de finales de invierno a mediados de verano). 

Son los patos.

Dan picotazos en el cuello de otros para mantener el orden jerárquico.

Levantan el pecho y estiran el cuello, para parecer más grandes y amenazantes.

Intimidan a sus rivales moviendo las alas de forma agresiva.

Inmovilizan a otros contra el suelo, dejándole sin respiración.

Realizan graznidos fuertes y rasposos para afirmar su presencia.

Hacen bailes y movimientos de cabeza.

Y en comunidad, hacen patrullaje de áreas, buscando áreas de comida u otros recursos, como el agua que necesitan para sobrevivir.

Que nadie imagine lo inimaginable o lo pueda comparar con nadie.

A buscar acciones y soluciones desde el respeto, porque el problema no son los patos, se llaman como se llamen, o quien lleva un cochazo Ferrari o promesas, que jamás se cumplen, por parte de tu pareja, tu jefa o el que manda de turno.

Al final, nuestros representantes son votados, y sólo alguien protesta cuando le toca una traición, y lo mismo en la vida diaria o en la empresa.

La casualidad no existe, sólo la causalidad. Lo imaginable versus lo inimaginable. Lo posible versus lo imposible.

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Fecha de Publicación:

Última modificación: 6 de marzo de 2026

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