Empresaurios*

¿Has oído alguna vez esta frase?

Puede que en lugar de “millones” sea “miles” o “cientos” o “toda la vida”. El trasfondo es el mismo.

Generalmente corresponde a un tipo de empresario, al que se le podría denominar como “EMPRESAURIO”, que considera la veteranía como EL ÚNICO VALOR: El que le hace llevar la razón en todo, y para todo.

Para el “empresaurio” llevar un negocio, sea cual sea, es algo inamovible, y cualquier variante o cuestionamiento se entiende como una agresión inadmisible, a tal punto que la nostalgia es extrema, siendo la vehemencia el principal rasgo cuando se tiene que hacer referencia a cualquier tiempo pasado… Que siempre, por supuesto, fue el mejor.

Los “empresaurios” son capaces de afirmar que el pasado es el presente e, incluso, el presente es el futuro, obviando cualquier paso intermedio o necesario, como si el universo de hace 30 años se hubiese desarrollado en un bucle distópico que, cual película de MARVEL y sus multiversos, es capaz de imponerse permanentemente como “lo único posible y real” en el día de hoy, y en todos los universos y tiempos posibles, ya sea en los que viven ellos, o en los que viven los demás.

Siempre va a prevalecer lo que ellos consideren. S-I-E-M-P-R-E. Aunque sean aberraciones inconcebibles e incompatibles con cualquier avance social, económico o de otro tipo.

Los “empresaurios” se presentan a sí mismos como imprescindibles y, como si fuesen superhéroes con poderes extraordinarios, creen que, con su mero pensamiento, o expresando un deseo con ganas, es más que suficiente para hacer desaparece a quien haga falta de la faz del mundo empresarial para que nada les moleste en sus decisiones… Utilizando cualquier herramienta que les venga bien, sean falsedades vertidas en cualquier lado, o utilizando a terceros para que con su influencia posibiliten sus planes.  

Por ejemplo, un empresario metido a político utiliza a un multimillonario con gran influencia en el mundo tecnológico y, llegado el momento, se deshace de él. Primero elogios, después descalificaciones, más tarde invalidando su pensamiento para que el suyo sea el único necesario, como si lo ocurrido hasta ese momento hubiese sido un accidente o una realidad que hubiese ocurrido en un mundo paralelo.

Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.

Los empresaurios, por defender lo suyo, son capaces de considerar a las demás personas o negocios como presas que hay que devorar en su zoológico particular, y son como esos TIRANOSAURIOS REX que no daban respiro alguno a un PTERODÁCTILO.

De igual manera, desprecian cualquier propuesta de convivencia o de diálogo (todos sabemos que los saurios no hablan, sino que hacen unos ruidos extraños, tipo gruñidos, que cesan cuando crujen los huesos de sus víctimas y éstas caen rendidas o humilladas a sus pies). Lo mismo que buscan los “empresaurios”.

¿Cómo se les puede identificar fácilmente?

Uno de los elementos más característicos es el amor que procesan a los que son de su misma raza: Los que tienen su mismo equipo de fútbol, su mismo banco, su mismo partido político, su mismo club náutico, su misma cancha de pádel, sus mismas camisas de rayas o pantalones de cuadros e, incluso, los mismos curas o amantes.

Watercolor-Wackca | Pixabay

Hay diferentes tipos de “empresaurios” en cualquier estadio social, empresarial e incluso personal, y sus pensamientos siguen la misma senda:

  • El despido libre, porque el mayor valor es su libertad para obrar como mejor consideren, para que nadie, ni siquiera el Estado, pueda obligarles a contratar o mantener el empleo (aunque si hay una subvención de por medio son capaces de mostrarse como los más colaboradores… Eso sí, para eliminar a ese personal en el mismo instante que desaparezca).
  • El mercado libre, entendiendo éste como “yo puedo y debo hacer lo que me dé la gana puesto que soy el que pone en circulación el dinero, que sale de mí y además creo trabajo haciendo que el milagro económico exista”.
  • Los ataques constantes al poder establecido, especialmente si no es de su onda política (e independientemente de que sea de derechas, izquierdas o cualquier versión intermedia o en los límites), acusándole de todos los males habidos y por haber en el planeta y, por supuesto, exigiendo al Estado que pague sus pérdidas si se dan, y bajo cualquier precepto o excusa, sea justo o no.
  • La desconfianza ante sindicatos o representantes laborales porque creen que eso limita la posibilidad de negociación tanto de su parte como de la persona a contratar, ejerciendo de falsos protectores de la masa trabajadora, aunque la realidad esconda que poniéndose aparentemente de su lado lo que buscan es no tenerla enfrente o enfrentada. Siempre dan un discurso en el que manifiestan abiertamente que si esa clase existe es gracias a ellos, porque si ellos no les pagasen (mal) no tendrían nada.
  • La utilización del término “terrorista” en cualquiera de estas dos vertientes:
    • De cualquiera que quiera proteger al consumidor de cualquier producto o servicio creado, exigiendo información, transparencia o buenas maneras.
    • De cualquiera que les acuse de no hacer las inversiones correctas para que las cosas funcionen bien.

¿Horrible la utilización de un término así en una sociedad desarrollada? Si, pero como “empresaurios” no entienden que la sociedad se pueda desarrollar más allá de su influencia… Y además: Ellos pueden llamar a cualquiera como mejor les dé la gana.

  • La asimetría en su poder y fuerza entendiendo que el abuso puede ser natural si lo ejercen ellos, porque el fin justifica los medios, y de ahí a considerar el juego sucio o la corrupción, en cualquiera de sus escalas, un mal necesario que se puede justificar negándolo en público o cambiando el discurso cuando se les descubre hasta que, de tanto decir mentira por verdad, la mentira se convierte en una verdad absoluta.

Los “empresaurios” están tan preocupados por sus “enemigos” que muchas veces emplean más tiempo en tramar acciones en su contra que en disfrutar de sus propias familias, aunque hay que agradecer que no llevan al extremo lo que en otras épocas se exigía como privilegios de su clase como, por ejemplo, el derecho de pernada (aunque se den muchos casos de acoso… Y no es una broma, o sólo tienes que ser mujer, no importa que seas guapa, fea, obesa o delgada, simplemente mujer, para poder manifestar esa extraña sensación que sacude el cuerpo cuando al recorrer un pasillo se notan miradas sinuosas que traspasan la intimidad).

Pongamos algunos casos, que se corresponden con la realidad, obviando nombres (básicamente porque no hay que dar publicidad al que no se la merece): 

  1. Imaginemos un territorio donde un determinado sector, por ejemplo, el turístico, ha sido la base de su economía. Algo tan bueno y tan malo como que lo hubiese sido la investigación, la educación o la cría de avestruces. No se trata del sector, se trata de la forma en que se interviene en el mismo.
  2. Imaginemos, igualmente, que tuviste la suerte de tener unas importantes propiedades de arena al lado del mar, que en su momento no tenían el más mínimo valor, pero que gracias a que pudiste crear hoteles y apartamentos (sin entrar ni en las condiciones, materiales o métodos que utilizaste, o su calidad), te convertiste en multimillonario.
  3. Imaginemos, además, que muchos de tus recursos venían de una ley que apoyaba esas prácticas por encima de cualquier otra donde, además, había incentivos de todo tipo para que el negocio pudiese salir adelante porque se generaba mucho empleo (los salarios o condiciones de trabajo, de cómo se explotaba a esos hombres y mujeres tampoco se explican) y dabas muchos beneficios (especialmente para ti, y tus amigos).
  4. Imaginemos, por último, que una enfermedad mundial, por ejemplo, la Covid19, obligase a cerrar tus negocios (como los demás) y tú, bajo la exigencia de que tus negocios son el sustento de la economía de esa zona, buscas que sea lo público quien pague las pérdidas ocasionadas por el virus, porque no puedes considerar que las pérdidas tengan que ser tuyas ya que, en tu modelo de negocio, y en ese mundo distópico en el que vives, esos planteamientos de perdidas no existen.

Situarse en esa posición de privilegio, y durante años y años, hace que se dé una mentalidad donde se considere como derecho adquirido cualquier decisión propia, independientemente de que la ley avance e incluso el ecosistema empresarial tenga que evolucionar porque el mundo mismo lo hace, para bien o para mal, pero es cambiante y por lo tanto es imprescindible que se tengan en cuenta esos elementos.

El concepto de solidaridad en el “empresaurio” es inexistente, y tan sólo debe aplicar, según su filosofía, sobre el sector, sus empresas en particular y, a lo más, en las de sus allegados, amigos o familiares, cuando son cosas positivas y obviando cuando hay problemas, porque los problemas de los demás no son suyos, ya sean personas, empresas u otros sectores.

Repetimos, es un ejemplo, y sería lo mismo para cualquier otro que partiese de parámetros similares.

En ese status quo, oír que no hay que apoyar a los demás y que lo único y prioritario es lo suyo, y más cuando “lo que da dinero es lo de siempre, y no los experimentos de niñatos y niñatas que no tienen ni idea del mundo” es una declaración REAL que se corresponde cien por cien con lo que puede manifestar un representante de estos “empresaurios”.

Esto se traduce en que la ley para esta singular raza debe ser la suya, y cualquier modificación tan sólo puede responder a mentes perversas que hay que aniquilar, sacándolas del mercado o sencillamente ignorarlas para que no existan.

Los “empresaurios” se reproducen como clones, y sus asesorías o gestorías, sus despachos jurídicos, sus más íntimos colaboradores, actúan sorprendentemente de la misma manera, ignorando lo “último” (de esos últimos treinta, cuarenta o cincuenta años, como mínimo), y no se sabe si es pura ignorancia o por interés.

Dinosaur-13Smok | Pixabay

El “empresaurio” no es solo masculino, también puede darse la “empresauria” aunque, siguiendo la misma tónica de lo “de siempre”, intenta no adentrarse en los negocios de los hombres, al menos que los haya heredado por vía familiar, y se especializa más en los negocios que ellas mismas consideran de mujeres (peluquerías, zapatos, mascotas, cuidado personal…).

Por supuesto, pueden darse casos extremos, donde el sexo no sea una razón fundamental, pero hay que tener en cuenta que cuando los negocios se entienden bajo esta mentalidad suelen presentarse como algo duro, y que sólo el vigor y la inteligencia masculina pueden soportar, y para apoyar estas palabras sólo hay que contabilizar cuantas presidentas de consejos de administración hay, por ejemplo, en España, o cuantas son las mujeres que tienen la mayoría societaria de grandes empresas. 

Apasionante ¿Verdad?

Estos personajes dan para una saga, y de hecho expondremos una segunda parte próximamente.

*Este post es propiedad de TODO ES SINGULAR, S.L. (www.todoessingular.com) y la información contenida puede ser utilizada por terceros siempre que se identifique esta fuente”.

Fecha de Publicación:

Última modificación: 5 de agosto de 2025

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