Comenzamos una serie donde, de forma divertida y, quizás, un poco friki, vamos a explicar de forma didáctica ciertos tipos de empresarios, buscándoles equivalencias con otras comunidades o seres del reino animal que nos haga fácil su reconocimiento.
El primer grupo: Camaleones y Mutantes.
Según la WIKI, los camaleones son una especie perteneciente a la familia de los reptiles, con un nombre poco conocido popularmente: saurópsidos.
A día de hoy se han identificado más de 160 clases diferentes y sus ancestros se van a la era prehistórica (en el mundo empresarial ya nos basta con considerar ese número y saber que existen desde el mismo momento que se hizo la primera transacción).
Su fama les viene por su capacidad de cambiar de color, su lengua (rápida, áspera y alargada) y tener ojos que se mueven independientemente uno del otro.
Según como utilicen esas peculiares características, pueden convertirse en joyitas adorables o armas de destrucción masiva.
Por ejemplo, una lengua disparando maldades es lo peor. Aunque una buena labia ayuda a desarrollar mejor un negocio.
Poner los ojos en todos lados, sin una coordinación, puede ser igualmente un peligro, aunque también es cierto que se debe atender al mercado y adaptarse con los recursos que se tengan, pero… no estamos hablando de eso.
Es cierto que es imprescindible poner los pies en la tierra y buscar la manera de acomodar todo para poder sacar adelante cualquier compañía, pero de lo que tratamos aquí es de personas, que dentro o fuera de la empresa, piensan más en como llenar su barriguita que en cómo cuidar a toda la estructura o a quienes trabajan a su lado.
Da igual que sea quien más manda, o el último eslabón de una cadena, pero, si el bien no es común, puede hacer destrozos de grandes dimensiones.
Los camaleones pueden parecerse a esos actores y actrices que, adoptando el papel que sea preciso, dan representaciones delante de quien sea, cambiando, por supuesto, cualquier texto, para que, quien los ve o quien los escucha, les aplauda, incluso recreando la función a tal punto que puede que no se reconozca respecto al original.
También los identificamos con los mutantes, pero no a esos animales caseros (perros, gatos, caballos, ovejas e, incluso, arañas) que por acción de un desastre, como el ocurrido en CHERNOBYL, hace casi 40 años, deambulan por la zona de exclusión, desorientados y con cambios físicos patéticos, o a esos otros seres que por su aspectos únicos no se parecen a nada más, como los SALTAMONES ROSAS, PECES CON CARAS HUMANAS o PULPOS IMITADORES que adaptan su forma a la de cualquier otro animal de su entorno.
Nos referimos a los que, como la imagen que ilustra nuestro post, aparecen como lindos gatitos, aunque después veamos que van cubiertos de escamas, y no porque tengan previsto acudir a un carnaval.
En nuestro día a día, tenemos referentes fáciles si simplemente seguimos a ciertos representantes políticos, que pueden cambiar de credo pasando de un lado a otro del espectro en un abrir de ojos, tener domicilios en lugares que ni pisan, o ejercer cometidos para los que no están preparados, ni jamás lo estarán, por muchas bendiciones que reciban de sus altos mandos.
Igual con grandes marcas mundiales, que un día lideran estrategias y después las contrarias, para volver al inicio si la cuenta de resultados no es la que esperaban.
De la misma manera:
¿Cómo es posible que en algunos países se exija una experiencia de un número determinado de años en gestión empresarial para llevar un Ayuntamiento, por poner un ejemplo, y sin embargo en otros territorios puedas manejar miles de millones de presupuesto sin saber diferenciar el pasivo del activo, o no saber lo mínimo sobre exigencias legales?
Este tipo de camaleones y mutantes viven de sus excelentes campañas de imagen, con brillantes frases y con el mejor disfraz posible, enfocándose a unos espectadores fieles y encantados con su capacidad de deslumbrar con su mediática luz, sin importarles si lo que cuenta es verdad o mentira.
Desgraciadamente, como afirma la filósofa ADELA CORTINA, en los representantes políticos ya no cree nadie.
A nivel empresarial también tenemos mutantes y camaleones.
Para no extendernos vamos a poner un caso que conocemos muy de cerca.
Se trata de un empresario que entre sus superpoderes está el mimetizarse con sus seguidores, adoptando el mismo lenguaje, formas y vestuario (por más que les duplique la edad), y esto no sería malo porque hay actores que siguen viviendo de sus personajes infantiles. Todo un don.
El problema es cuando la mutación y el camaleonismo le lleva a decir que tiene miles de seguidores, que tan sólo él parece conocer, en un acto que ni Jesucristo multiplicando panes y peces le puede hacer sombra, o ser capaz de presentar tres resultados económicos muy diferentes en una misma Junta de Accionistas sin inmutarse, o declarar como sus cifras mensuales de beneficios son 100 veces más de lo que realmente su contabilidad dice.
Hasta ahí sería simplemente fanfarronismo, complejos de grandeza y engaño.
El problema es cuando todo esto afecta a más de 20 personas que se van al paro, mientras a su lado permanecen sólo los afines (que seguirán siendo fieles mientras exista un sueldo), o hace levantamiento de bienes para engañar a sus socios, atrayendo a otros que no le piden explicaciones… quizás porque son igual de camaleones o mutantes.
Lo mejor, todo esto trabajando tan sólo dos horas al día, vendiendo el trabajo de los demás como suyo, y pasando vacaciones de ensueño en hotelazos de lujo asiático, mientras se declara insolvente ante el juez para eludir pagar a su personal de limpieza o llama estafador a quien le llevó ingresos y le salvó la empresa durante años, porque alguien tiene que cargar con su desastre.
Lo bueno es que las mentiras tienen las patas muy cortas y la justicia, a pesar de ser muy lenta, llega, y por más que se presenten a última hora testigos falsos, (recordemos: camaleónicos por necesidad para seguir comiendo), siempre la verdad sale a relucir… o al menos eso se espera.
Este caso es uno más de los muchos que se dan, y que son extensibles a otros muchos empresarios donde el respeto a los demás no existe.
Da igual el sector, si la empresa es grande o pequeña, o si es alguien conocido o no lo conocen ni en su casa a la hora de comer.
En las escuelas se deberían dar clases de ética y moral, además de buenas formas, para que nadie sufriese sus camaleónicas transformaciones.
Tened cuidado de esos sujetos y sujetas porque intentarán hacer creer que tú eres lo que ellos son y, cual DORIAN GRAY, se autoengañan creyendo que los males se quedan en el reflejo y no en ellos.
Alrededor de camaleones y mutantes se dan otros tipejos más deleznables por mediocres, que son los que cambian de opinión, o de forma de ser, en sus pequeños trabajos, simplemente para congraciarse con su jefe de turno, sin importarles en absoluto los resultados de sus trabajos, la manera en que pueden afectar a sus compañeros mientras de ellos se tenga una opinión que les permita llegar a fin de mes.
Seamos frikis y, puestos a elegir, nos quedamos con esas anomalías singulares que son LAS TORTUGAS NINJA, NESSIE dando guerra en su Lago Ness, o cualquiera de esas maravillosas criaturas de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS con capacidades fantásticas o, puestos al límite, MUTANT BUSTERS, con escatología, antihéroes y mucha diversión.
Al menos, después de pasar un rato en su compañía volveremos a nuestro mundo y ahí se habrá acabado toda la demencia y desgracia que los reales producen.
Crear, ser original, o singular es algo complicado, especialmente porque tal cual está montado el mundo de los negocios todo lo que parece diferente es rechazado hasta que, tras mucha insistencia, o por mera casualidad, sale a la luz, y en ese momento, es aceptado… y posiblemente plagiado, si es que no se tienen los recursos suficientes para llevarlo hasta el final y no caes en las garras de estos seres, que posiblemente intenten acercarse y convertirse en ti, utilizando incluso tu mismo discurso o haciendo un resumen de otros que están de moda.
PIO BAROJA les dedicó unas palabras:
La gente goza de tan poca fantasía que tiene que recoger con ansí, unos de otros, esos pequeños adornos de la conversación. Son como traperos o colilleros de frases hechas”.
Seguro que si todos leyésemos más, mejor nos vendría.
*Este post es propiedad de TODO ES SINGULAR, S.L. (www.todoessingular.com) y la información contenida puede ser utilizada por terceros siempre que se identifique esta fuente”.






