El Procomún*

Los modelos de IA tienden a ser cerrados prometiendo eficiencia, pero, al mismo tiempo, dependencia.

Una opción diferente es necesaria y, en este sentido, el concepto del procomún es una base interesante a considerar.

¿Procomún? ¿Qué es?

Hablamos de compartir, pero no en un sueño futurista o una idea romántica, o una opción política, sino de una estrategia probada a través de un modelo de gobernanza con base científica.

La Nobel de Economía ELINOR OSTROM propuso una alternativa a la gestión estatal o privada de los recursos comunes (como era el caso del agua, bosques o sistemas de riesgo) sin depender de monopolios ni privatizaciones, planteando los siguientes principios:

  • Límites claros, tanto geográficamente como de quienes deben participar.
  • Reglas apropiadas, respetando la biodiversidad, las condiciones locales y las necesidades de la Comunidad.
  • Participación inclusiva en el diseño de las reglas.
  • Control y supervisión local, a manera de monitoreo, de miembros de la Comunidad sobre otros.
  • Resolución de conflictos con mecanismos económicos y accesibles.
  • Sanciones graduales para quien infringe las reglas.
  • Reconocimiento exterior hacia su autogobierno.

A la hora de la verdad se trata de crear una red de cooperación, con una organización en diferentes niveles de gobierno, con liderazgo y asumiendo responsabilidad respecto a los recursos que pasan a ser compartidos por todos y todas.

En su libro EL GOBIERNO DE LOS BIENES COMUNES. LA EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES DE ACCIÓN COLECTIVA, lo expone con total claridad.

Si analizamos los mayores logros de toda la Historia hay ejemplos más que de sobra.

El alfabeto y los números son el mayor procomún de la humanidad: gracias a que nadie los privatizó, toda persona puede leer, escribir, calcular y crear.

Internet funciona sobre el sistema operativo LINUX, el mayor proyecto de software abierto jamás construido, desarrollado por miles de voluntari@s y empresas durante décadas. Si hoy podemos comunicarnos, trabajar en remoto o lanzar plataformas globales es porque existe una base común gestionada como bien compartido.

En el terreno de la inteligencia artificial, la alternativa al modelo cerrado ya es tangible.

Contamos con proyectos como MISTRAL AI (Francia) o FALCON (Emiratos Árabes Unidos), que apuestan por la transparencia y la colaboración comunitaria. Pero quizás el ejemplo más revelador sea el de China, donde iniciativas como DEEPSEEK o QWEN  (del gigante ALIBABA), entre otros, han mostrado un impacto global inesperado: en apenas meses han demostrado que la innovación en IA no necesita depender de las corporaciones de SILICON VALLEY, sino que pueden florecer en modelos abiertos, auditables y accesibles.

Este movimiento no es altruista: es estrategia de soberanía tecnológica.

Al abrir el conocimiento, se asegura que el valor se distribuya y no quede atrapado en un oligopolio.

En el ámbito académico y activista, el trabajo de NICK COULDRY, PAOLA RICAURTE y ULISES ALI MEJÍAS con la red TIERRA COMÚN ofrece una brújula ética y política:

A esta corriente se suma el trabajo de SUR GLOBAL, una plataforma que impulsa investigación, prácticas y narrativas críticas sobre tecnología, datos y sociedad desde una perspectiva latinoamericana.

Su enfoque resalta la importancia de imaginar modelos de soberanía tecnológica que partan del Sur Global, reconociendo que la dependencia digital también es un problema geopolítico y cultural.

SUR GLOBAL se posiciona de esta manera como un laboratorio de ideas para pensar futuros más inclusivos, donde la innovación tecnológica no repita los patrones coloniales de concentración y dependencia.

Ambas iniciativas, aunque desde distintos ángulos, coinciden en que el verdadero reto no es tecnológico, sino político y cultural: quién define las reglas del juego, cómo se distribuyen los beneficios de la innovación y qué papel juegan las comunidades en esa gobernanza.

Y no se habla de la política a la que tan mal nos acostumbran muchos y muchas de quienes se dedican a la política, sino política entendida en su etimología: el término griego antiguo POLÍS (πόλις), que significa «ciudad-estado» o «ciudad», y del adjetivo relacionado  POLITIKÁ (πολιτικά), que se refería a los «asuntos de las ciudades» o «lo referente a la ciudad-estado». El término fue popularizado en la obra clásica de ARISTÓTELES titulada POLITIKÁ y describe todo lo relacionado con la organización, administración y gobierno de un Estado o comunidad. 

Lo cierto es que el procomún digital no es caridad ni militancia ideológica: es estrategia empresarial inteligente a largo plazo.

El procomún digital permite a las empresas mantener el control sobre sus datos, diseñar modelos adaptados a sus necesidades, proteger su propiedad intelectual y, al mismo tiempo, beneficiarse de un ecosistema innovador que evoluciona más rápido porque miles de mentes trabajan en él.

No es un modelo alternativo, sino el único capaz de asegurar que la inteligencia artificial se convierta en una herramienta de soberanía y prosperidad compartida.

Desde Europa hasta América Latina, desde China hasta África, desde el activismo académico hasta las empresas más innovadoras, la conclusión es la misma: la soberanía tecnológica se construye abriendo, no cerrando; compartiendo, no monopolizando.

No se trata de decidir si queremos participar o no, si no responder a dos preguntas primordiales:

  1. ¿Qué papel jugaremos en esa historia?
  2. ¿Seremos consumidores pasivos de un algoritmo ajeno, o arquitectos de una inteligencia colectiva que nos pertenece a todos?

Hay que comprender que el procomún no es cosa del pasado, sino el camino hacia el futuro.

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Fecha de Publicación:

Última modificación: 12 de septiembre de 2025

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