La crisis financiera*

Difícilmente. Prácticamente imposible.

Cualquier movimiento en el mundo financiero viene precedido por marcadores en el mercado, tanto de la economía tradicional como en el día a día de la economía real.

Es como cualquier enfermedad: Nuestro cuerpo dará indicios, un conjunto de síntomas o signos que cualquier profesional puede observar o medir que indican que se está produciendo un deterioro en nuestro organismo y que, de seguro, va a afectar a nuestro bienestar.

Los malos hábitos, la falta de sueño, el estrés, y otros indicadores nos ponen delante la crisis que vamos a sufrir.

¿Seremos responsables de esa crisis?

A nivel personal, seguro… pero, aunque resulte crudo decirlo así, en el mercado empresarial, en el financiero, en el social o en el político, por poner algunos casos, también puede que la crisis sea organizada, pensada e, incluso, decidida como un elemento beneficioso para quien la provoca.

¿Paranoia?

Se acerca una estrepitosa crisis financiera y, en sí, es un producto financiero más.

¿Es perverso pensar así?

No. Ya ha ocurrido en otras épocas.

Todo el mundo comienza a hablar del colapso de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas subprimes pero, no es algo nuevo… llevan años ahí (exactamente 9 años, es decir, antes del cambio de siglo).

Se sabe, y especialmente lo saben los legisladores y quienes velan por el cumplimiento de la Ley, por más que su mirada se dirija nerviosamente hacia otro lado.

Lo curioso es ver como ahora los medios empiezan a alertar de que esa burbuja, supuestamente ocasionada por las subprimes, es la causante de la nueva crisis planetaria.

Analicemos:

Las hipotecas subprimes son un producto más del mercado primario: hipotecas dirigidas a un mercado de consumidores que no cumplen los niveles de evaluación crediticia (por ingresos, trabajos o historial de crédito), y quienes las facilitan lo saben desde su propia creación y venta.

El riesgo de impago es muy elevado en comparación con las hipotecas comunes, por lo tanto, las posibilidades de fractura son enormes… y todos, quienes las venden en bancos, y quienes la reciben, lo saben. Es más, están diseñadas así, a propósito.

Su existencia está justificaba en la aplicación de intereses y comisiones más altas.

Las subprimes, una vez se han firmado, se agrupan y forman paquetes que, finalmente, se venden en el mercado secundario.

Si, claro… y que, por lo tanto, haya un colapso financiero.

Históricamente ha sucedido así, y da igual como se llame el producto. La Historia económica puede mencionar cientos de esos productos creados para colapsar.

Entonces:

  1. ¿Por qué si el riesgo se conoce e, incluso es la base del negocio, todo el mundo parece sorprenderse ante la caída de las subprimes?
  1. ¿Todo puede pasar de un día para otro?
  1. ¿Cómo es posible que los bancos de inversión sean ajenos a una hecatombe con tantos avisos de posibilidad real de que ocurra?
  1. ¿Los Estados no velan porque algo así no ocurra?
  1. ¿Cómo una persona sin capacidad de pago puede obtener una hipoteca?

Las respuestas oficiales son muy simples y, aparentemente la culpa siempre es del otro.

Depende a quien escuchemos, es repetido hasta la saciedad en cualquier medio de comunicación que llegue a la ciudadanía:

  1. Los consumidores asumen un nivel de vida que no les corresponde pretendiendo tener, por ejemplo, una casa por encima de sus posibilidades.
  1. Los Estados actúan en la creencia de que la economía permitirá crear los niveles de trabajo y riqueza que harán posible el pago de esas hipotecas.
  1. Los bancos se muestran positivos porque sus agencias de calificación entienden que el peligro no es inminente.
  1. Los intermediarios ganan –mucho- con la venta sucesiva (quizás sea el argumento que menos se va a escuchar, aunque en círculos especializados es el más comentado).

O, al menos, esto es lo que cada cual cuenta, pero la simplificación y la ingenuidad no son los principios en lo que se fundamenta la economía.

También se puede interpretar que cada cual busca su propio beneficio (algunos con más conocimiento que otros) y la ignorancia siempre lleva al desastre, especialmente de algunos… como sucede en el día a día, y en cualquier campo.

Y la crisis llegará en el momento en que personas, empresas, banca o gobierno empiecen a perder el control de los acontecimientos.

Cuando los prestamistas constaten que el mercado está agotado darán la voz de alarma y convocarán a cada una de las partes para buscar soluciones al colapso y reclamar el pago pendiente. Nada nuevo.

Sólo hace falta tirar de la hemeroteca y de la Historia Financiera, por ejemplo, en el 29.

Si se rastrean las famosas subprimes se verán otros productos financieros asociados que las alimentan, aparentemente todos como garantías o elementos de apoyo a las operaciones con hipotecas basura, y ahí se encuentran los marcadores que son la crónica de una muerte anunciada.

Ordenados alfabéticamente para su mejor seguimiento, suponen una masterclass de dónde fijarse para saber cómo funciona una economía asociada a las hipotecas y, según la manera en que se estén utilizando, detectar una alarma que puede desencadenar en una crisis:

Quienes intervienen en todo el proceso, están ganando grandes cantidades intermediando en la venta, una y otra vez, de paquetes de subprimes, pero los detentadores últimos de la deuda (recordemos: aquellos que tienen capacidad de prestar su dinero de forma real, es decir, los dueños del dinero) tienen que cobrar a aquellos que se han comprometido en la primera firma y si ellos no pueden hacerlo, ALGUIEN DEBE HACERLO: y para eso existen las leyes ¿no?

El argumento principal para exigir el pago es que los prestadores de dinero no podrán seguir ofreciendo sus ahorros si no recuperan las pérdidas:

Esa es la amenaza.

Pero lo que la verdad esconde es aún más perverso:  

Ya han ganado mucho, y desde el primer día que fueron a bolsa o en las sucesivas reventas de un mismo producto financiero, de forma especulativa.

  1. ¿Puede pensarse que los dueños del dinero han diseñado un plan perfecto y que la catástrofe planetaria de “si no me devuelven mi dinero no podré prestar más” es simplemente un ingreso recurrente más?
  2. ¿Se crean productos en el mercado con tal finalidad?

Cada cual puede considerar lo que quiera, aunque, de nuevo, los términos de simplificación a veces son los más acertados:

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Fecha de Publicación:

Última modificación: 18 de septiembre de 2025

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